Cada año, Tequila 1800® Milenio lanza una edición limitada que reúne su tequila extra añejo con la creatividad de artistas reconocidos. Un artista célebre interviene la icónica botella de Tequila 1800® Milenio y la convierte en una obra de arte: un objeto de colección donde la botella de tequila y el arte se vuelven una sola pieza.
Cada edición limitada de Tequila 1800® Milenio rinde homenaje al legado de la marca y presenta, año con año, interpretaciones únicas que unen herencia y diseño contemporáneo.
A través de una retícula ortogonal, el artista juega de forma vertical con una secuencia de triángulos como si fueran cuervos de diferentes generaciones, mientras que de forma horizontal se observan surcos a través de líneas paralelas, transformando los triángulos en campos de agaves. Una composición monocromática de líneas doradas que se funden con el color del tequila en una serie de repeticiones con diferencias.
La obra de Darío Escobar se caracteriza por la investigación formal y conceptual de los objetos y su inserción en el terreno de la historia del arte y el arte visual. Su trabajo desafía continuamente al espectador para que reconsidere las relaciones centrales de la vida contemporánea: las que tenemos con la mirada de las masas, la elaboración de las nuevas identidades en función del consumo y el cuestionamiento de lo culto y lo popular. Su obra se inserta en un territorio de objetos que invaden nuestra cotidianidad y nos hacen reflexionar acerca del espacio que ocupamos dentro de los sistemas sociales, políticos y económicos que sustentan nuestra existencia.
La obra de este artista encuentra parte de su inspiración en el pasado. Ya sea en fotografías heredadas, libros viejos o técnicas antiguas, a partir de ellos crea imágenes inéditas. En este caso, todo parte de un fragmento del poema Iluminaciones, de Arthur Rimbaud, cuyas palabras sirven para “iluminar” estas superficies con la práctica medieval de los libros iluminados, que se llamaban así, precisamente, porque el interior de las letras estaba pintado en oro y, a la luz de las velas, parecían encenderse. Eso es lo que tenemos aquí: “un enjambre de hojas doradas que zumban”, iluminadas por el líquido áureo que descansa en la botella.
Siguiendo un sistema de notación musical para piezas corales de su autoría, Carlos Amorales creó 10 signos que pueden interconectarse entre sí sobre un pentagrama. Las notas se acoplan de forma decorativa sobre una pauta musical, tanto en la caja como en la botella, sugiriendo el estuche como una partitura que una música vanguardista podría hacer sonar. Esta utilización del signo, posicionándolo entre lo visual, lo narrativo y lo musical, es típica en la obra del artista.
Vincula su trabajo plástico con palabras como repetición, ritmo, presencia, sensación, organicidad, materialidad, estructura y proporción. En su práctica abstracta, los temas y las series pasan de la trama al tejido y/o a la retícula, y así surge la serie Suculentas: variaciones de elementos esféricos que se desarrollan buscando todas las posibilidades que la lógica del trabajo plástico plantea, hasta encontrar imágenes que funcionan ante el espectador… cosas para verse.
Reconocible por su complejo estilo surrealista, de perspectivas caprichosas y creaciones repletas de líneas de color acompañadas de símbolos. Un estilo difícil de catalogar, en el que destacan composiciones complicadas relacionadas con sus primeros acercamientos a la arquitectura. Lugares increíbles, palacios extraordinarios, paisajes de ilusión con patrones de repetición que lo hacen único.